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HNO. VICTOR CAVIA

Nombre Civil: CAVIA Maestro Víctor.

Fecha de Nacimiento: 22/10/1902.

Lugar de Nacimiento: Valles de Palenzuela — Provincia de Burgos — España.

Fecha de Profesión: 01/01/1921.

Fecha de Defunsión: 05/04/1991.

Estable 1902 – 1991.
Nacimiento: 22.10.1902 — España
17.08.1915: Junior en Carrión.
26.01.1919: En Argentina.
27.01.1919: Postulante.
01.01.1920: Toma de Hábito. Hno. Urbano.
01.01.1921: Primera Profesión.
01.01.1926: Profesión Perpetua.
29.01.1948: Votos de Estabilidad.
Actuación: ….. 65½ Años.
Maestro ….. 11 Años.
Profesor ….. 13½ Años.
Director ….. 28 Años (Se incluyen 8 de Primaria.)
Vice Director 1ª ….. 10 Años.
Prefecto 1ª ….. 3 Años.
Retirado ….. 1 Años.
Fallecimiento: +05.04.1991, Luján, 88 Años, 72 Años de Vida Marista.

CAVIA Maestro Víctor, nació en Valles de Palenzuela, Provincia de Burgos. Castellano viejo desde niño, con el alma de oro, de ese oro viejo que adquiere la llanura de Castilla cuando ya decaen los trigales. Todo liso, dorado mate y a la vista, como Cavia. Y de opimas espigas, tal como lo hemos conocido. Desde el autobús veía yo a esos vejetes, trajeados de negro a lo de aquellos pueblos con su pertinente elegancia, sentados de costado en su jaca o en su burro. Llenos de esa altivez sencilla de quienes han encontrado la honra en ella misma, por la honradez, y en la amistad brindada sin remilgos ni cortapisas. Al trotecito corto y sin miedo. Dueños del mundo, avanzando. Pienso en ti, Cavia, y, sola, asoma en mi mente la hermosa canción que hemos oído en los últimos meses de 1998: “Me gusta la gente que cuando saluda// me aprieta la mano con fuerza y sin duda.// Me gusta la gente que cuando te habla// te mira a los ojos, te mira de frente,// te dice a la cara aquello que siente// y nada se calla, no tiene dobleces,// me gusta esa gente.”

Mantuvo su aire agrícola toda su vida. Era de familia rural. Su padre, Demetrio Cavia Tamayo, agricultor, fallecido en 1935, estando él en el C. Champagnat, con 33 años. Su madre, Aniceta Maestro Manrique, llegada al Padre en 1926. A los casi 24 años del Hermano.
Dice José Mediavilla: Sus cristianísimos padres le encaminaron por el buen sendero del honor, y pronto aprendió a ser noble y honrado, que fue la característica de su vida, destacándose siempre por su fidelidad, nobleza y rectitud, sin malicia de una sola palabra. Nunca pudo entender la falsedad y en ningún caso admitía el engaño, ni siquiera en las bromas.
En agosto de 1915 ingresó en el Juniorado de Carrión de los Condes, a la sazón dirigido por el recordado Hno. Filogonio, cuya característica, como Superior, era educar en el fervor y en la austeridad.
En 1919 vino a la Argentina con otros cuatro compañeros (HH. Ernesto Javier, Basilio Cea y Salcedo, Lorenzo Pacho y José Conrado) e inició el Postulantado bajo la dirección de los Hnos. Paulius y Cesidio. Impresionaba oírle hablar de esa etapa de su vida, de sus maestros y compañeros, no admitiendo la defección de alguno de ellos.”
Otros informes que nos detalla su ficha: Familiares: Su hermana Teresa C. de Ortega, con domicilio en Burgos, había fallecido en la fecha de ésta. Sabemos de un hermano suyo que había vivido en Chile, de quien él menciona sus propios sobrinos. Una prima en Buenos Aires: Veridiana Ochoa Cavia, Rincón 1282, Dpto. C, Bs. Aires. Hay una actualización de 1984, que dice así: Sobrina: Sra. Gregoria Ortega de Rodríguez, Santa Clara 57 – L.C. – Burgos. España.

Títulos habilitantes: Enseñanza Primaria: APTITUD PEDAGÓGICA, cap. federal, 1956; TÍTULO ELEMENTAL DEL MAGISTERIO, prov. Bs. Aires, 1945; Mendoza, 1951. Enseñanza Secundaria: RESOLUCIÓN MINISTERIAL DEL 2/5/1930.
Segundo Noviciado: Grugliasco, 1er. turno, agosto de 1932.
Visitas de familia: Diciembre de 1951 y de 1961. Y en mayo de 1968 y de 1975. En esta ocasión me encontré con él, y nos hicimos una “pausa café” en un rinconcito de la Castellana. Como de costumbre, contagiando entusiasmo, espontaneidad y fraternales comentarios. Un rato inolvidable.

Algunas observaciones. En la ficha de Secretaría General figura que en 1921 fue Escolástico. Se ve que fue la noticia que hizo llegar a la Casa Generalicia (S. Genis Laval) nuestra provincia, antes de suceder lo que pasó. Lo cuenta H. José Mediavilla: “El 12 de enero de 1921 hizo su profesión religiosa con gran fervor y entusiasmo. Según ha contado varias veces, esperaba, al igual que sus compañeros, proseguir sus estudios en el Escolasticado cuya creación había sido anunciada. Su ilusión murió en la sesión inaugural ya que el grupo tuvo que iniciar sin más, la actividad docente sin aquel apoyo, según la costumbre de la Provincia. Considerándose aún incapaz para la docencia, fue a entrevistar al Hno. Constancien, entonces Visitador, para exponerle su situación de pequeñez, pero obtiene del Superior la siguiente contestación: ‘Ya crecerá; tiene Vd. un cuarto de hora para prepararse y vaya con Dios.’

Y, según manifestaba él mismo: ‘Fue una extraordinaria lección sobre la obediencia religiosa; y en verdad que, a través de la vida, he experimentado ser cierto que el hombre obediente cantará victoria, y que la obediencia hace maravillas. Por eso toda la vida hizo culto de la obediencia, y se palpa a través de sus actividades. Maestro y profesor hasta el año 1943, en que, inesperadamente, y a pesar de sus protestas, es designado Director del Colegio La Inmaculada de la calle Caseros.
Desde entonces ya no baja de la montura, y su actividad y éxitos directivos se realizan especialmente en el I. Peralta Ramos de Mar del Plata, donde se constituye padrino, protector y reliquia. En 1946 consigue la incorporación a la Enseñanza Oficial de la sección secundaria, y en 1960 adquiere Villa Marista, asunto que con frecuencia contaba, lleno de satisfacción, como una de las grandes realizaciones de su vida.”

Recuerdos marplatenses. #Personalmente le oí contar que el propietario del establecimiento “Almar”, sito en la última esquina de la calle del ingreso a la Villa, antes del mar, le había prometido, en aquellos años, ayuda para los gastos de acondicionamiento de Villa Marista, si a él le iba bien con su negocio aquel año. Ya entonces era famosa la casa, en cuanto a sus actividades non sanctas. Y a Cavia de decirle: “No, muy agradecido, pero no se moleste…”

# Era notable el aprecio que le brindaban las maestras del I.P.R. La Sra. Mariana Gómez era muy considerada para con él, cuando fue nombrada Directora. Y el Hermano le profesaba respeto y afecto de real amistad y compañerismo de trabajo.
# Siendo yo Rector, recuerdo su llamado de atención, en el patio, a toda la enseñanza primaria. Le extrañaba, decía, el apellido de un alumno que debía formar parte de casi todos los grados, dado que se lo oía nombrar por todo el patio aquí o allá, pero que no se lo encontraba en lista alguna. Ya era común, inofensivo, diríamos, el apelativo argentino de “b.l.d.” Inofensivo, pero no educado ni culto. Don Víctor, con afectada inocencia. Los chicos, con sugestiva sonrisa, ligeramente maliciosa muchos.
Rasgos de su vida. Los extraemos de un reportaje que le hiciera el Hno. José María Mazuelas, por febrero 1992, y publicado en páginas 7 – 9.

Grandes recuerdos del Colegio La Inmaculada. Estuve como Director los años 43 y 44. Me llevé una muy buena impresión de los exalumnos. Me considero un amigo de Agustín Pazos, uno de mis antiguos alumnos en ese colegio. Guardo un recuerdo de las comuniones pascuales en la parroquia San Antonio. Cosntruí las actuales habitaciones de los Hermanos, en 1943.
Los momentos más felices de su vida. Mira, sinceramente, mi entrada en la Congregación. Me entusiasmó mucho Don Pedro, un sacerdote que había conocido a los Hermanos en Burgos. Mi profesión perpetua, un tanto rodeada de misterio, pues, habiéndome acusado de haber faltado al respeto al H. Director, el santo Hno. Casimiro, allá por el año ’25, yo mismo, ante tamaña injusticia, me había sacado el pasaporte para España. Un momento dado, el Hno. Provincial se me acercó y me dijo: ‘Hno. Urbano, usted tiene disposiciones, y buen trato con los niños en clase. Hará Usted la profesión perpetua.’

Qué le enseñó el gobierno de los hombres. En los 20 años que he pasado como Director (2 en La Inmaculada, 12 en el Peralta Ramos y 6 en Mendoza), he sido muy feliz, pues, por haber tenido superiores muy buenos, vale decir: Casimiro, Sixto, Valero…, no me ha costado tanto ese gobierno.
¿Qué he aprendido?
—Que hay que ser prudente con los Hermanos.
—No tener privilegios, excepciones, con uno mismo.
—Ser alegres con ellos, festivo. Y tratarlos con afecto y cariño.

Buen hincha deportivo o se apasiona demasiado con su equipo… ‘Sí, el deporte me ha gustado mucho. El equipo de Huracán, por ejemplo. Me acuerdo del exalumno y jugador Moyano, allá por los años 23 y 24, gran defensor de ese equipo.
Esa historia que cuentan de mí, y que Vd. me recuerda, es un boleto. Ni idea de ella. Es un invento de los HH. D. y J.M.A. Parece que un día,jugando al rugby en Villa Marista el equipo del Sporting, el H. Urbano se metió en la cancha y a los gritos, interrogó al árbitro: – Sr. árbitro, ¿qué ha cobrado Vd.? – Penal para el Sporting, Hno. Urbano. – Ah, entonces siga Vd.
Grandes exalumnos. “Tuve a Agustín Lanusse (pero no me lo pongas, que me macanean los Hermanos con eso del Beagle. ¡No lo pongas, rodéalo!) Jorge Fraga, Devoto, Américo Guerra, etc.

Escritor preferido. Sí, Ramiro de Maeztu, cuyo hijo Juan Manuel fue alumno mío, allá por los años 26,27,28 y 29, en Talcahuano 1138, Era embajador d eEspaña en nuestro país. Siempre me gustó mucho su libro “Defensa de la Hispanidad. Recordamos el concepto que Ramiro tiene de madurez: “ Cuando los individuos y los pueblos se dan a un ideal sienten que se multiplican sus energías con esta unificación de afectos: y esto es la madurez.”
Muchos amigos en su vida. Sí gracias a Dios, los he tenido: Basilio, Nuti, Ernesto Javier, Fausto, José Mediavilla y los superiores.
1973, reciclaje en Chile, un recuerdo mayor. Haber podido encontrarme con familiares míos: los hijos de mi hermano, quien murió allí, en esa nación hermana. Qué diría a los Hermanos que vienen detrás. Tomad la vida con confianza, con optimismo. Fuera de vosotros el pesimismo. No achicarse ante las deficiencias que pueda haber. Rezad el Rosario. Amad a María, nuestra Madre buena.

Sobre los estudios de los Hermanos. Te cuento el caso mío. Llegamos a la Argentina en 1919. En marzo de 1921, el H. Constancien nos asegura: ‘Vamos a estructurar el Escolasticado. Habrá estudios serios. ‘ ¿Quieres creer que en mayo de 1921 estábamos todos en los colegios? Yo me preparaba en Historia Argentina y apenas había llegado al capítulo intitulado ‘Belgrano, creador de la Bandera.” Y, como me atreví a ponerle algunos reparos al H. Constancien, me respondió: ‘ Allez vous – en; vous avez un quart d’heure.’
Distinción del Divino Maestro. Para mí es una satisfacción espiritual muy grande. Le recé y rezo así al Maestro: “Señor, que mi acción apostólica sea digna de esta distinción que lleva tu Nombre.” Y todo lo que uno ha hecho, lo ha hecho con buena voluntad. ¡Que no me gustan esas exterioridades! Pues creo que no es para tanto, que no está tan bien lo que uno ha hecho.
(Dice que le cuesta retrasar más su incorporación a la Residencia Champagnat: ‘Es que ya tengo allí dos compañeros: Nuti y Ernesto Javier.’) Un asunto que tuvo en el C. Champagnat, donde estuvo 15 años, allá por el 42. Por soplar y ayudar a un alumno en un examen, y debido a las influencias del G.P., lo suspenden como Profesor, y los superiores, ante el problema, lo envían al Inst. Alvear, como inspector de limpieza. Y añade: ‘El año más feliz.’ Lo reponen las autoridades del Ministerio el año siguiente.”
Villa Marista, Mar del Plata. En 1960, con la ayuda amistosa del exalumno Joaquín Oteiza, que lo trajo en coche a Buenos Aires, y con la ‘gauchada’ del H. Adrián al inscribir en el Champagnat a un hijo de D. Luis Bosch – siendo Provincial el Hno. Godofredo – por diez millones de pesos de entonces, consiguió el campo de Villa Marista. Y sigue hablando y contando cosas vividas.

En breve síntesis.Repasando sus respuestas, detrás de esa dureza de castellano (es campanero durante las vacaciones y, al llegar la hora de iniciación de la oración, pega sus palmaditas para que el superior comience la oración, y si éste –el H. Teófilo Martínez – está distraído, Víctor pega dos buenos golpes en la mesa para que se despierte…), ¡qué alma maravillosamente angelical y humana encontramos en él! “Cara de castellano”, lo llamaba el Hno. Victorino. Cara de hijo de Dios, milagro de la pedagogía de la vida, cara de hispano – argentino universal.
Y termina el artículo: ‘Muchas gracias, Hno. Víctor. Muchas gracias por esa su persona maravillosa y transparente.” (Originariamente fue publicado en ELEVACIÓN, nº 83, julio 1982.)

Genio y figura hasta la sepultura. Resumimos de este artículo, producido por el Hno. Lorenzo Santamaría, págs. 5 – 6. Contexto: I. Peralta Ramos, 6 de junio de 1960. En el desayuno, el H. Víctor, Director, pide a los Hermanos a cargo que hagan saber las celebraciones Champagnat que cada uno tiene previstas. Se produce un diálogo un tanto ácido entre él y el H. Bernardo Pellicier. Rápido intercambio verbal, argumentaciones varias. Producen una sonrisa en el articulista. El Superior interpreta que se trataba de una burla a su persona, a su decisión. Hay breve intercambio entre ambos, incluido un golpe de puño de Cavia sobre la mesa.

Sigue un silencio plomizo, que el H. Isidoro Agúndez, con su fácil y picaresca habilidad dicharachera popular consigue superar, y se reanuda el alegre diálogo comunitario. Ya por la tarde , dice el autor, “…el H. Víctor en su celo por estar en todo, acertó a pasar donde yo estaba ordenando el puntaje alcanzado en los juegos. Y se da esta conversación: – Hno. Director, grité, quiero hablar con Vd. – Diga, Hermano, estoy para escucharlo. – La actitud que usted ha tenido conmigo frente a la comunidad, me ha dolido mucho. Me siento muy incómodo ante los Hermanos y, por supuesto, frente a Vd. Estoy resuelto a pedir hoy mismo mi cambio. – Pero, ¿por qué? Si de ninguna manera he querido molestarlo, ni herirlo, y menos delante de la comunidad. Simplemente quise tener claro los festejos. Eso es todo. – Usted me ha tratado de burlón, de sobrador. – Es cierto. Su risa me mortificó. Creí que se reía de mí. No quise herirle sino corregirle. Estoy muy conforme con Vd., con lo que está haciendo en el colegio. ¿Por qué se va a ir? – Aquí tengo el borrador de la carta que pienso enviar al Hno. Provincial. Si quiere, puede leerla. – ¡No! ¡Rómpala! Créame que todo lo doy por olvidado. Le pido disculpas. Olvídelo. Fui demasiado impulsivo. – Si Vd. lo echa en el olvido, yo haré lo mismo. – Y crea que en nada he querido molestarle. Y concluye el H. Lorenzo: “No me dijo nada más. Me abrazó largamente golpeándome la espalda. Algo raro noté en su rostro.
Se sacó los lentes, se frotó los ojos. Creí ver una lágrima correr por sus mejillas, mientras con voz firme me dijo: ‘Hermano, siga trabajando como lo está haciendo’. Y se fue. El H. Lorenzo fue destinado el año siguiente a Rosario. Ninguno de los dos Hermanos había mencionado al Hno. Provincial nada referente a un cambio. Al despedirse, le dijo: “Para el próximo año espero tenerlo aquí.” Su deseo se cumplió. A su pedido, hecho al H. Provincial, volví a Mar del Plata. Cumplió así su palabra dada. Su rectitud y su nobleza, tantas veces puestas de manifiesto, fueron claras. Genio y figura hasta la muerte.

Hno. Víctor, permítanos una irreverencia. A través de un sucedido, manifestamos el “alias”, por decirlo de alguna manera, con que buena cantidad de cofrades lo nombraban. Me lo acaba de contar el H. Rufino Sánchez, testigo presencial. Era en 1958. Desde el colegio de Luján salía el ómnibus que debía trasladar el contingente de Hermanos a Mar del Plata. Objetivo, llevar a cabo los ejercicios de San Ignacio, que anticipaban la profesión perpetua. Se hacía en el Instituto. A cargo del viaje, el Hno. Ruperto. También viajaría el Hno. Director del Instituto, Víctor Cavia. El primero, de pie en el anterior del vehículo, controla que estén todos los viajeros. Los ejercitantes, todos. Acto seguido, exclama, interrogante: “¡Falta la Burra! ¿Dónde está?” Ipso facto, le señalan que el H. Víctor está ahí mismo, sentado, al lado suyo.

Final. “Al avecinarse sus 88 años, su poder mental se iba debilitando, pero no aceptaba dejar la actividad de su presencia entre los niños y se resistía al descanso merecido. A pesar de todo, como hombre obediente, acepta el retiro y, a mediados de 1990 se traslada a la residencia de la Villa San José de Luján, donde, el 5 de abril de 1991 encuentra el premio de su vida y es recibido por Jesús y María en la
mansión celestial“.
H. Septimio Walsh CONSUDEC Nº 441, pág. 245…

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