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HNO. PABLO NORBERTO

Nombre Civil: Marius Joseph Andrieux.

Fecha de Nacimiento: 22/08/1895.

Lugar de Nacimiento: Francia.

Fecha de Profesión: 08/12/1911.

Fecha de Defunsión: 07/06/1919.

Profeso Temporal 1895 – 1919.
Nacimiento: 22/08/1895 — Francia.
24/01/1909: Junior, llega a n/país.
08/12/1911: Toma de Hábito.
Fines de 1916: Profesión Perpetua.
Actuación: Marcos Juárez, C. Luján.
1919: Enferma de Tisis.
Fallecimiento: +07/06/1919 — 24 Años.

Marius Joseph Andrieux nació el 22/08/1895. Ignoramos si frecuentó alguna de nuestras escuelas, ya sea antes o después de las leyes secularizantes. Marsellés, se sabe que su familia, muy cristiana, mantenía amistad con nuestro Hno. Constancien, entonces Provincial de Saint-Paul, en cuya jurisdicción estaban las casas de la ciudad. Suponemos con fundamento que tal circunstancia lo aproximó a nuestro Instituto.
Con él llegó al Río de la Plata el 24 de enero de 1909, formando parte del grupo más numeroso que haya recibido el Distrito Argentino. Eran 10 Hermanos y 12 juniores.
Tomó el Hábito el 8 de diciembre de 1911, momento en el que recibió el nombre de Congregación de Pablo Norberto, según se estilaba. A fines de 1916 profesó a perpetuidad.

Terminado el Escolasticado, fue destinado al Cgio. Sgdo. Corazón (M.Juárez). Pocos casos reportan nuestros biografiados de un tan gran desaliento vocacional como el que sobrevino a nuestro Hermano, proveniente de la influencia negativa de algún/os miembro/s de su comunidad se aplica literalmente. Con la decisión de abandonar la vida religiosa, salió de Marcos Juárez el 15 de agosto. ¿Designio de la Providencia?, hubo de viajar con el sacerdote redentorista que acababa de predicar la novena de la fiesta patronal de la ciudad, la Asunción de Nuestra Señora, el Padre Guerrero, a quien se lo había encomendado el Superior de la Comunidad que lo despedía con pena.
El sacerdote, buen director de almas, conversó con él durante el viaje. Aceptó pasar un par de días en la casa de los PP. Redentoristas de Rosario. Gracias a Dios, al salir de Rosario hacia Bs. Aires dos días después, había revertido su resolución, y estaba decidido a no dar el mal paso de abandonar su vocación. Le quedó, sí, la preocupación de cómo lo recibirían los Hermanos, sabedores de su abandono vocacional.

Al llegar a Buenos Aires, el Hno. Bonnal lo esperó en la estación de ferrocarril. Vino desde Luján a ese efecto, con la finalidad ulterior de despedir a esta vocación marista en su viaje de retorno a Francia. Le hizo aventar los últimos temores, que fincaban en pensar que los Hermanos ya conocían su decisión de abandonar. El Hno. Bonnal no dejó que se perdieran sus palabras, y por ello las podemos transcribir: “Et bien, mon cher Frère Bonnal, puisqu’il en est ainsi et qu’il vous semble que je puisse encore être un bon Petit Frère de Marie, ne me prenez pas le billet du bâteau, je reste des vôfres.”

*****NOTA*****
Luego de unos días en la casa de formación, Villa San José, y tras esta total recomposición vocacional, el Hno. Honorato, Visitador, la destinó al C. N.S.de Luján como maestro. Allí vivió cinco años, en los que gozó de buena salud. Los Ilamó “los años de su conversión”.

Una gripe en 1918 le dejó afectado un pulmón. Pasó temporalmente a Mar del Plata, alternando descanso con tareas, especialmente labores de maestro particular. Al volver, dijo a su compañero de viaje, el Hno. Luis Marcelino: “Tengo salud para vender…” 1919 pareció que sería un año con tan óptima característica, pero a poco de comenzadas las clases, sintió dolores agudos en la espalda, y malestar general
Se fue debilitando cada vez más, hasta la imposibilidad de impartir sus cursos: se había iniciado abruptamente el proceso tuberculoso que lo llevaría a Ia muerte. Debió abandonar la docencia.
Fue administrado el 4 de Junio. Rodeado de unos doce Hermanos con un cirio en la mano, le impuso la Extremaunción el P. Dávani, Superior de la Basílica. Preparado, purificado por dos meses de dolorosa enfermedad, entregó su alma al Señor el día 7.
La capilla ardiente se estableció en la del colegio. Por turno fueron velando su oración por el difunto alumnos, maestros, juniores, Escolásticos, Hermanos… El mismo Padre Dávani quiso oficiar responso. (Cf. “La Famille”, 1er. número, julio 1919, p.4). Sus restos fueron depositados en el panteón del Círculo Católico de Obreros.

Por una circular del Hno. Visitador a las comunidades, sabemos que a su entierro asistieron, además de toda la Villa y Hermanos del colegio, sus alumnos, familias, y las comunidades de los Padres de la Basílica (cinco sacerdotes presentes) y de las Hermanas Vicentinas. Aquí, sólo este pensamiento del Padre Víctor Lledó, capellán del Hospital, en sus palabras de despedida: “…nuestro Hermano llenó muchos tiempos, esto es, a pesar de haber sido breve su peregrinar sobre la tierra, atesoró tal caudal de merecimientos, como pueden reunirse después de haber vivido en la tierra largos años consagrados a la práctica de la virtud.” Y más adelante: “…se consagró sin esperar recompensa alguna en la tierra, a la tarea ingrata de la enseñanza, porque el profesor ha de vencerse constantemente, ha de hacer los más grandes actos de abnegación, para tratar con jóvenes inexpertos, que quieren con frecuencia sobreponer sus cortos conocimientos y hasta, a veces, sus inclinaciones e instintos, sobre las luces mucho más claras del maestro.’ Nuestro Hno. Bonnal, que fue como el segundo puntal de la firmeza en su vocación, lo seguía en su tránsito al cielo cinco días después… ¡buena acogida se habrán hecho los dos en referencia a la fecha de su decisión de vivir y morir “Hermanito de María”!

*****NOTA*****
El Hno. Pablo Norberto dijo al Hno. Bonnal: “Pues bien, querido Hermano Bonnal, ya que es así y que a Vd. le parece que todavía puedo ser un buen Hermanito de María, no me saque el pasaje en buque. Sigo siendo uno de los vuestros.”

De las palabras de despedida del Padre V. Lledó al Hno. Pablo Norberto: “…la vida del Hermano difunto fue por todo concepto meritoria y digna de todo elogio por estar consagrada a la enseñanza de la ciencia imbuida del espíritu de Dios; porque la ciencia sin Dios no es luz que ilumina, es resplandor que ciega; no es fuerza que levanta y dignifica, es por el contrario, causa de innumerables males.( … ) la ciencia empapada del espíritu de Dios es la que verdaderamente merece el nombre de luz y de progreso, porque enseña al hombre el cumplimiento del deber, porque le da las dos alas indispensables con que se ha de remontar a sus destinos eternos.”

De la circular del Hno. Visitador anunciando su fallecimiento: “Nuestro querido Hno. Pablo Norberto ha fallecido, Dios se Io llevó, cúmplase su santa voluntad. A pesar de todos los ciudadanos que se le prodigó de día y de noche y Ias fervientes plegarias y novenas que se hicieron, la enfermedad siguió su curso y al fin venció este fuerte temperamento. Dios así lo había dispuesto para recompensar al que tan fielmente, después de una prueba en que fue puesta en juego su vocación, había correspondido al llamado de Dios.”

Aquí trasladamos la crónica de su deceso escrita en la pág. 95 de los Anales de la Casa Provincial, cuaderno manuscrito que abarca desde 1910 a 1933. ¡Testimonio escrito invalorable! Leamos: “HERMANO NORBERTO. Fallecido el 7 de junio del año 1919. Bueno, cariñoso, expansivo, dedicado en cuerpo y alma a las tareas de la enseñanza secundaria, tal era el querido Hno. Norberto.

Hijo de la parte meridional de Francia, donde la alegría y jovialidad se trasparentan en la diafanidad de un cielo siempre azul. El querido muerto atesoraba junto con esas raras virtudes que deben informar la vida del educador religioso, las más bellas prendas de carácter que le hacían amable y atrayente a cuantos con él convivían.
Su muerte apacible ha sido el eco fiel de una vida llena de abnegaciones y generosidad.
Dios se contentó con la buena voluntad de nuestro joven, pues luego de breves años de ejercer su apostolado murió en el Colegio Nuestra Señora de Luján, Colegio que tanto amó y a cuya prosperidad dedicó los mejores años de su juventud y los mejores entusiasmos de su noble corazón.

En justo retorno sólo deja afectos y cariñosos recuerdos tanto entre sus Co-Hermanos como entre los niños y alumnos del Colegio donde actuó durante varios años.
Que el Señor premie con el galardón prometido a los justos y a los que perseveraren hasta el fin, las virtudes del querido e inolvidable Hno. Norberto.
Y ahora duerme su último sueño a la sombra de la Cruz junto a las tumbas de otros de sus Co-Hermanos que como él perseveraron hasta el fin y esperan el día glorioso de la Resurrección”.

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