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¿Un Beato entre nosotros?

Allá por el 25 de septiembre de 1903 un grupo de jóvenes religiosos llegaba al puerto de Buenos Aires para escribir la primera página de historia Marista en nuestro país.

Entre aquellos hermanos fundadores estaba Florentino Redondo Insausti, un delgado, casi desapercibido muchacho de 18 años al que sus compañeros llamaban Hno. Leopoldo José.

Florentino había nacido en Cancar, un pueblito de unos mil quinientos habitantes de la provincia de Navarra. Sus padres, sencillos aldeanos, personas de trabajo, lo labraron en una fe ferviente, en la piedad mariana y en la solidaridad.

El clima de ese hogar dio sus primeros frutos a sus 13 años de edad, cuando ingresó al Juniorado Marista de Canet de Mar, distante 40 km de Barcelona. Y encontró su primera maduración el 19 de agosto de 1900, al vestir el hábito Marista con el nombre de Leopoldo José.

Elegido para venir a la Argentina, partió del puerto de Barcelona el 3 de setiembre de 1903 y fue destinado a la Villa San José y luego a Mar del Plana, después al Colegio La Inmaculada.

El término de aquella travesía sería finalmente el Colegio Nuestra Señora de Luján. Pasados doce años, el Hno. Leopoldo fue  destinado a Italia y, en 1920, retornó a su tierra natal, a la localidad de Valldemía.

Por aquel entonces la vida política de España se hallaba convulsionada: los duros enfrentamientos entre republicanos, monárquicos y anarquistas que la alteraba culminaron con  la abdicación del Rey Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931, dando origen a la Segunda República. Pero la situación, lejos de apaciguarse, se complejizó.

En 1934 los Anarquistas lideraron la Revolución de Asturias (1934) levantándose en armas, quemando templos y colegios católicos y asesinando a algunos religiosos –entre ellos nuestro Beato Hno. Bernardo quien dedicó su vida a la educación de los hijos de los mineros.

En 1936, un levantamiento militar contra el gobierno de la Segunda República desató una encarnizada persecución religiosa en el sector republicano. En ese contexto, el Hno. Provincial, llegó a un acuerdo con el jefe de la Federación Anarquista Española, obteniendo la liberación de un numeroso grupo de Hermanos con el compromiso de que serían trasladados a Francia.

Se los convocó a reunirse en el buque “Cabo San Agustín” con ese destino, y cuando todos creyeron estar a salvo, fueron traicionados por las FAI y tomados prisioneros.

Al día siguiente, miércoles 8 de octubre de 1936. Leopoldo José era acribillado, junto a un grupo de hermanos, en los muros del cementerio de Montcada (Barcelona).

Este silencioso servidor del Señor y de todos cuantos necesitaban su ayuda murió como un mártir de la causa de Dios. Abundan testimonios de su rica vida interior, de sus actitudes de servicio y de su observancia de la Regla, cualidades todas que no se contradecían con su cercanía fraterna, su simpatía, la sonrisa franca y perpetua que siempre podía encontrarse en su rostro y la admiración que despertaba su personalidad.

Será por todo eso que sus alumnos lo llamaban “el santo”.

Será por todo eso, por la forma en que vivió y la forma en que murió, que hoy nosotros también honramos su memoria, dando gracias a Dios por el don de su consagración y por su ejemplo.

El Hno. Leopoldo José y sus cuarenta y seis compañeros fueron beatificados, en la Plaza San Pedro,  por el Papa Benedicto XVI el 28 de octubre de 2007.

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